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martes, 20 de septiembre de 2016

La Resiliència

Segurament la majoria de persones hem sentit a parlar de “resiliència” però potser no tenim clar què significa exactament. Si seguiu llegint, trobareu la descripció del que és la resiliència i alguns aspectes bàsics per poder desenvolupar aquesta capacitat.

Què és la resiliència?
La resiliència és la capacitat de resistir, de no deixar-se vèncer, d’adaptar-se als canvis que la situació ens planteja, recuperar-se i poder seguir endavant amb una vida plena.
Ser una persona resilient no significa oblidar el que ha passat o evitar la situació, sinó afrontar els obstacles i superar-los, no quedar-se estancat veient només la part negativa de l’experiència.

De què depèn la capacitat de resiliència?
La capacitat de resiliència varia segons les característiques de la persona, l'etapa de la vida en què es troba, la seva capacitat d’adaptació, etc. També depèn del tipus, la gravetat i la durada de la situació problemàtica o traumàtica.
La capacitat de resiliència es pot aprendre?
Sí, es pot aprendre a ser resilient. La resiliència és una capacitat que es va construint a partir de la interacció amb l’entorn i, com altres habilitats, es pot practicar i millorar aquells aspectes que hi estan relacionats.

Com puc ser una persona resilient?
1. No aïllar-se, mantenir les relacions afectives amb les persones i crear altres noves relacions, ja que per aconseguir ser resilient i superar les adversitats és indispensable comptar amb el suport emocional d’altres persones, com a mínim d’una persona (amic, pare, tutor, professor, psicòleg, etc.).

2. Tenir una visió positiva i d’esperança. S’ha de ser positiu, pensar que podem seguir endavant, que no s’acaba la nostra vida ni les coses positives de la vida amb aquesta adversitat. Hem de ser capaços de veure la situació amb perspectiva, no centrar-se només en el moment actual, sinó comprendre que el que ens ha passat ens afecta de manera temporal, però que al cap d’un temps ja no ens afectarà tant.

3. Acceptar que els canvis són part de la vida. Tot i que de vegades és difícil, hem de veure els canvis com una part de la vida de la qual en podem aprendre alguna cosa. Va molt bé ser persones creatives, generar noves idees o nous camins per fer les coses, desenvolupar solucions innovadores per resoldre els problemes. Les crisis ens poden fer créixer, convertir-nos en persones més sàvies i enfortir els nostres recursos.

4. Acceptar la situació però sense conformar-se, actuar activament per aconseguir els teus objectius. Per seguir endavant és important trobar un propòsit significatiu en la vida, saber què volem aconseguir. Així podem fer passos per apropar-nos a aquests objectius. Això sí, els objectius han de ser realistes, és a dir, han d’estar dins de les nostres possibilitats d’aconseguir-los.

5. Tenir una visió positiva d’un mateix i cuidar-se. És important tenir una bona autoestima, un bon autoconcepte, sentir-se segur d’un mateix, ser optimista i confiar en tu. Per ser resilient i superar una adversitat és indispensable que ens cuidem, des d’aspectes més bàsics com l’alimentació i el son, com també ser capaços de centrar-nos en nosaltres mateixos per ser conscients de com ens sentim, per intentar buscar allò que necessitem i, si és convenient, saber demanar ajuda.


Espero que aquestes paraules us ajudin a confiar en la possibilitat que tenim totes les persones de superar qualsevol adversitat.

Maria Fabregat
Psicòloga




LA RESILIENCIA


Seguramente la mayoría de personas hemos oído hablar de "resiliencia" pero quizás no tenemos claro qué significa exactamente. Si seguís leyendo, encontraréis la descripción de lo que es la resiliencia y algunos aspectos básicos para poder desarrollar esta capacidad.

¿Qué es la resiliencia?
La resiliencia es la capacidad de resistir, de no dejarse vencer, de adaptarse a los cambios que la situación nos plantea, recuperarse y poder seguir adelante con una vida plena.

Ser una persona resiliente no significa olvidar lo que ha pasado o evitar la situación, sino afrontar los obstáculos y superarlos, no quedarse estancado viendo sólo la parte negativa de la experiencia.

¿De qué depende la capacidad de resiliencia?
La capacidad de resiliencia varía según las características de la persona, la etapa de la vida en que uno se encuentra, su capacidad de adaptación, etc. También depende del tipo, la gravedad y la duración de la situación problemática o traumática.

¿La capacidad de resiliencia se puede aprender?
Sí, se puede aprender a ser resiliente, es una capacidad que se va construyendo a partir de la interacción con el entorno y, como otras habilidades, se puede practicar y mejorar aquellos aspectos que están relacionados.

¿Cómo puedo ser una persona resiliente?

1. No aislarse, mantener las relaciones afectivas con las personas y crear otras nuevas relaciones, ya que para conseguir ser resiliente y superar las adversidades es indispensable contar con el apoyo emocional de otras personas, como mínimo de una persona (amigo, padre, tutor, profesor, psicólogo, etc.).

2. Tener una visión positiva y de esperanza. Hay que ser positivo, pensar que podemos seguir adelante, que no se acaba nuestra vida ni las cosas positivas de la vida con esta adversidad. Debemos ser capaces de ver la situación con perspectiva, no centrarse sólo en el momento actual, sino comprender que lo que nos ha pasado nos afecta de manera temporal, pero que al cabo de un tiempo ya no nos afectará tanto.

3. Aceptar que los cambios son parte de la vida. Aunque a veces es difícil, tenemos que ver los cambios como una parte de la vida de la que podemos aprender algo. Va muy bien ser personas creativas, generar nuevas ideas o nuevos caminos para hacer las cosas, desarrollar soluciones innovadoras para resolver los problemas. Las crisis nos pueden hacer crecer, convertirnos en personas más sabias y fortalecer nuestros recursos.

4. Aceptar la situación pero sin conformarse, actuar activamente para conseguir tus objetivos. Para seguir adelante es importante encontrar un propósito significativo en la vida, saber qué queremos conseguir. Así podemos dar pasos para acercarnos a estos objetivos. Eso sí, los objetivos deben ser realistas, es decir, estar dentro de nuestras posibilidades de conseguirlos.

5. Tener una visión positiva de uno mismo y cuidarse. Es importante tener una buena autoestima, un buen autoconcepto, sentirse seguro de uno mismo, ser optimista y confiar en ti. Para ser resiliente y superar una adversidad es indispensable que nos cuidamos, desde aspectos más básicos como la alimentación y el sueño, como también ser capaces de centrarmos en nosotros mismos para ser conscientes de cómo nos sentimos, para intentar buscar lo que necesitamos y, si es conveniente, saber pedir ayuda.

Espero que estas palabras os ayuden a confiar en la posibilidad que tenemos todas las personas de superar cualquier adversidad.

Maria Fabregat
Psicóloga

lunes, 12 de septiembre de 2016

Entrar al cole

Para algunos niños es más difícil que para otros entrar al colegio; las formas de expresar esta dificultad son muy variadas como también lo pueden ser los origines de ella. Hoy hablaré de aquellos casos en los que es difícil entrar al colegio porqué se echa de menos a los padres, o la separación de los padres resulta muy dura. Y os daré algunas ideas básicas sobre cómo gestionarlo! 

El primer paso siempre tiene que ser intentar comprender el mundo emocional del otro, respetar su sentimiento y jamás ridiculizarlo. Para cualquier niño sus padres son inmensamente importantes y separarse de ellos no es fácil.

Es bueno que los padres analicen los aspectos positivos que puede tener para su hijo la situación a la que se enfrenta. No se trata de ir diciéndole al niño todo lo bueno que tiene la situación cómo si quisiéramos venderle algo que no quiere comprar; sino de pensar en los aspectos positivos que tiene, en cómo esto puede ayudar a mi hij@ y así cada padre se pueda sentir más seguro, más tranquilo y más confiado acompañando a su hij@. La emoción es contagiosa; y funciona mejor que la razón cuando la situación en sí es emocional. Si yo tengo dudas sobre la situación (incertidumbre, miedo, ansiedad...) y mi papá/mamá acoje mi sentimiento pero se muestra tranquilo y optimista es más probable que yo sienta que todo va ir bien y me relaje que si siento dudas y lo que hacen es explicarme una retahíla de "razones" por las que no debería sentirlas.

Finalmente; a lo largo de mi experiencia, diferentes familias que han compartido conmigo estas situaciones me han comentado recursos que han puesto en práctica, se trata de diferentes ideas con un mismo objetivo: que el peque no se sienta tan solo, que sienta a sus padres un poco más cerca:

- Bote de los besos. (Se puede hacer en familia y meter besos de todas las personas que pueda echar de menos; los besos pueden ser "físicos" si los dibujamos en un papel, fieltro...) * Se puede usar por toda la clase!
- Bote de los tesoros. ( ídem a los besos)
- Hacerle un muñequito especial. (Puede participar toda la familia en crearlo. Es buena idea que sea pequeño y que se pueda coser por una cinta a la bata, porque perderlo podría ser muy negativo).
- Que pueda llevar su muñeco de apego.
- Hacerle un colgante/amuleto especial. (Ídem al muñequito especial).


Y para mi la más bonita de todas; explicarle que cuando estaba dentro de la mamá el cordón umbilical les unía; y que el ombligo siempre será el punto por el que una vez estuvieron unidos! El ombligo siempre lo tienen, no lo pierden.

Anaïs Cerrillo.

lunes, 1 de agosto de 2016

Piel con piel

Se habla tanto del momento piel con piel tras el parto que nos olvidamos de la importancia de hacer el piel con piel en muchos otros momentos...

Tras el parto (si les dan la oportunidad) la madre y el bebé se pueden beneficiar de este contacto mutuo, en que nada interrumpe el contacto entre sus pieles, facilitando el establecimiento de la lactancia materna, la recuperación de la mamá y del bebé del trabajo de parto, la regulación de la temperatura y el ritmo respiratorio del bebé, y el maravilloso establecimiento del vínculo. Todas las mamás son informadas de estos beneficios y seguramente todas sueñen con hacer el piel con piel con su bebé en su larga espera.

Pero a veces ocurren circunstancias en las que el equipo que atiende el parto no deja que mamá y bebé realicen el piel con piel tras el parto. Cómo puede ser una cesárea, tras la cual el bebé realizará el piel con piel con un familiar mientras la madre se recupera, sin su hijo, en una sala llena de desconocidos (es curioso cómo han pensado que una mamá recién parida, lo mejor que puede ayudarla a recuperarse es separarse de su bebé y meterla en una sala con desconocidos... Pero ese ya es otro tema).
Total; que seguramente a esta mamá nadie le haya informado que tras su cesárea; cuando vea a su bebé, también podrá hacer el piel con piel; y también al día siguiente, y al siguiente; y durante muchos días mientras su bebé y ella quieran. Y que los beneficios del contacto piel con piel (en cuanto al vínculo afectivo; ya que en las otras areas no soy experta) no se limitan al momento justo posterior de haber nacido, existen durante toda la vida.

El contacto piel con piel, favorece que se genere oxitocina y esto favorece el vínculo afectivo positivo.

Hay miles de maneras de mantener este contacto; la lactancia (y si es prolongada mejor) es una; los masajes, otra; el colecho, bañarse juntos, el porteo, abrazarse muchísimo... Muchas de estas actividades también se pueden hacer con una capa de ropa; y aunque no es tan efectivo como el contacto directo siempre es mucho mejor que el no contacto.

Creo que es muy importante que esta información llegue a todos los padres y madres y más aún a aquellas que están o han estado dolidas por no haber podido hacer el piel con piel cómo habían soñado.

Anaïs Cerrillo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Emoción y Conflicto.

Este es un artículo que escribí hace años para colaborar con el portal Español de Inteligencia Emocional. Lo he encontrado ahora y he pensado que sería muy interesante poderlo compartir aquí. Espero que os guste.

Generalmente, no solemos enfocar el conflicto de la forma más productiva posible. La mayoría de las veces, desviamos el problema principal, hacía la sensación de peligro o de competencia. Sin embargo, si abordásemos el conflicto desde la perspectiva de buscar la mejor solución para todas las partes implicadas, intentando mantener el bienestar de todos, tanto en el proceso de solución de problemas cómo posteriormente, cuando implantemos estas soluciones. Los conflictos no serían una fuente de estrés y angustia, sino una forma de mejorar una situación, algo que en el futuro podríamos agradecer.
Cuando sentimos que los otros nos atacan, nos menosprecian… se activan los sistemas emocionales que nos avisan de un peligro; provocando respuestas de miedo, sumisión, ansiedad, ira, asco… para evitar la exposición a la amenaza trataremos de huir de ella, o bien disminuir el riesgo que representa; (para ello necesitaremos atacarla). Estos sistemas se activan de forma rápida, sin embargo, su desactivación tarda mucho más.
Cuando sentimos que alguien lucha contra nosotros por un mismo objetivo, activamos los sistemas de búsqueda de logro, intentando esforzarnos más para conseguir el logro. Estos sistemas pueden ser muy útiles cuando luchamos contra nosotros mismos, pero si competimos con otra persona, puede llegar a darse la situación, en que no valoremos los esfuerzos del otro, y en que queramos estar siempre por encima, sin valorar la valía de la otra persona.

Sin embargo se puede abordar el conflicto desde la empatía, explicando cómo nos hace sentir, y entendiendo cómo se siente el otro. Responsabilizándonos, de nuestra parte de responsabilidad en el problema, y buscando todos juntos una solución factible. Apoyando emocionalmente, en el proceso a todos los implicados, desde el bienestar. Cuando nos acercamos a otras personas dándoles la calma y la seguridad positiva (similar al vínculo afectivo), esta persona se siente más libre y con más creatividad para resolver el problema; con esta actitud podemos lograr que los conflictos nos unan en vez de separarnos; podemos convertir los conflictos en oportunidades para crecer emocionalmente, y también cómo familia.

Anaïs Cerrillo.

domingo, 1 de febrero de 2015

El miedo

El miedo es una de las emociones básicas, y aunque suele preocuparnos ya que no es agradable sentir miedo; no es ni malo ni bueno, cómo el resto de emociones, simplemente es cómo una brújula que nos indica y nos da información. Si sabemos usar esa información, nos daremos cuenta de lo valiosa que puede llegar a ser.

Lo primero que tenemos que conocer del miedo, y en lo que nos centraremos en este escrito, es que dentro de esta palabra tan amplía, se incluyen diferentes emociones, que comportan diferentes sensaciones y que podríamos separar en varias categorías más pequeñas…

-Por una parte están los Miedos evolutivos, que son muy típicos en ciertas edades y tienen que ver con temas que han sido importantes durante nuestra evolución para la supervivencia. Son el miedo a la oscuridad, a quedarse solo... sobretodo son muy típicos alrededor de los 4 años.

-Luego están los Miedos asociados a deseos; cuando pensamos que algo tiene un gran valor está el miedo a perderlo o no conseguirlo... Aquí estaría el miedo al fracaso, y miedos asociados a elementos relacionales, cómo pueden ser los miedos dentro de una pareja, etc. (Estos últimos también están asociados a una falta de autoestima, puesto que este miedo aumenta en la medida en que pensamos no sólo que el otro se valioso, sino que lo es mucho más que nosotros mismos...). Este grupo de miedos deben ser vigilados muy de cerca puesto que sus consecuencias pueden ser muy negativas.

-También están los Miedos básicos. Estos son miedos que compartimos todos los humanos en mayor o menor medida; y que están unidos a cosas que son tan importantes para nosotros, que tienen el gran poder de modificar y determinar nuestra trayectoria vital. son:
-El Miedo a la muerte y la enfermedad.
-El Miedo a quedarse solo (miedo a no ser aceptado ni querido por nadie).
-El Miedo a la ruina y el fracaso.

-Y Por último los Miedos ansiosos. Estos son los miedos que están fuertemente relacionados con niveles muy altos de ansiedad, cómo pueden ser las fobias. También aquellos asociados a rasgos personales estables. (Aquellas personas que describiríamos cómo miedosas o sufridoras).



La parte de todo esto que entraría dentro de la inteligencia emocional es conocer el tipo de miedo que cada uno tiene, saber qué lo provoca y por último aprender estrategias para poder gestionarlo.

Anaïs Cerrillo. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

El verdadero valor del anillo


Hoy comparto otro cuento que me gusta mucho; es de Bucay, que me encanta y además recuerdo con cariño las veces que lo he compartido con algunos de mis pacientes y sus reacciones. Cómo todos los cuentos, tiene más poder si se usa en el momento en que la persona lo necesita. 

Hace mucho tiempo, un joven discípulo acudió a su maestro en busca de ayuda.

Su gran preocupación era que sentía que no valía para nada y que no hacía nada bien.Quería que los demás le valorasen más.

El maestro sin mirarlo, le replico: “Me encantaría poder ayudarte pero en estos momentos estoy ocupado con mis propios quehaceres. Quizás si me ayudases a solucionarlos podría acabarlos antes y ayudarte”.

El discípulo aceptó a regañadientes ya que de nuevo sintió que sus preocupaciones eran poco valoradas.

El maestro le entregó un anillo que llevaba en el dedo y le dijo: “Coge un caballo y cabalga hasta el mercado más cercano. Necesito que vendas este anillo para pagar una deuda.Y lo más importante es que trates de conseguir la mayor suma posible pero no aceptes menos de una moneda de oro por él”.

Y así el discípulo cabalgó hasta el mercado más cercano para vender el anillo.

Empezó a ofrecer el anillo a diferentes mercaderes que mostraban interés en él hasta que les decía el precio: una moneda de oro.

La mayor parte de los mercaderes se reían al escuchar la suma, salvo uno de ellos que amablemente le indicó que una moneda de oro era muy valiosa para darla a cambio del anillo.

Frustrado y cansado, el discípulo cabalgó de nuevo a casa del maestro sabiendo que no había podido cumplir con el encargo que le había hecho.

“Maestro, no he podido vender tu anillo por una moneda de oro”, le dijo cabizbajo. “Como mucho ofrecían un par de monedas de plata, pero no he podido convencer a nadie sobre el verdadero valor del anillo”.

“Tienes razón en algo”, le contestó el maestro. “Necesitamos conocer el verdadero valor del anillo”. “Coge de nuevo el caballo y ve a visitar al joyero del pueblo. Pregúntale por el verdadero valor del anillo. Y sobre todo no se lo vendas”.

Y así cabalgó de nuevo hasta el joyero del pueblo quien, tras examinar detenidamente el anillo, dictaminó que éste valía ¡58 monedas de oro!.

“¿¿58 monedas de oro??” replicó el joven asombrado.

Y con esa buena noticia cabalgó de nuevo a devolverle el anillo a su maestro.

El maestro, le pidió que se sentase y que escuchase lo que tenía que decirle:

“Tu eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal sólo puede evaluarte un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu valor?”

Jorge Bucay


Es una pena ver cómo en líneas generales muchos de nosotros nos hemos dejado evaluar, e incluso hemos permitido que nuestra opinión de nosotros mismos cambiase por lo que otras personas (que además seguramente nos conocen menos que nosotros mismos) dijeran de nosotros. Es una pena que no nos enseñen a querernos y a respetarnos por encima de las opiniones de los demás. 
Generalmente, cuando uso este cuento (que me resulta muy útil sobretodo para adolescentes), aprovecho para ayudar a reflexionar sobre si ellos/as se dejan llevar por las opiniones de los demás, sobre cómo se sienten entonces, y sobre qué otras opciones tienen. Además lo suelo aprovechar cómo entrada al trabajo de la autoestima. 

Anaïs Cerrillo.